Las turborrotondas y otros avances en ingeniería que nos hacen circular más seguros

Las turborrotondas y otros avances en ingeniería que nos hacen circular más seguros

Se dice que la primera glorieta del mundo fue construida en Letchworth (Reino Unido) en 1909, y que fue concebida originalmente como un refugio de tráfico para ayudar a los peatones a cruzar carreteras de tráfico elevado. Sea como fuere, la rotonda se ha convertido en un elemento omnipresente en nuestras ciudades, por los innumerables beneficios que aporta: hace los cruces más seguros, restringe la velocidad y autorregula el tráfico.

También es un elemento que los ingenieros han sabido adaptar a las distintas situaciones que se han encontrado, contando hoy glorietas de todos los tipos y tamaños. Podemos encontrarnos desde la miniglorieta (de menos de 5 metros de diámetro, e ideal para intersecciones urbanas con problemas de capacidad y seguridad) hasta auténticas locuras como la glorieta de intersección anular o “glorieta mágica”, sorprendentemente eficaz frente a las grandes glorietas con problemas de congestión en sus entradas.

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